La ideología como sesgo cognitivo

[Traducción del texto de Chris Dillow en su blog Stumbling and Mumbling: Ideology as Cognitive Bias]

En este artículo (pdf), Jon Wisman expone una idea importante:

“Una vez que el control del estado estuvo, en principio, democratizado por las urnas, las fortunas de la elite vinieron a depender solamente del control de la ideología”.

Esto recuerda a la “tercera dimensión” del poder de Steven Lukes; los gobernantes pueden ejercer poder no solo mediante la acción directa o manteniendo ciertas cosas fuera de la agenda, sino dando forma a la ideología de modo que el oprimido viene a percibir su opresión como legítima e incuestionable.

Ahora bien, ¿cómo consigue la elite llevar a cabo semejante truco? Algunas veces la izquierda se inclina aquí hacia teorías de la conspiración al creer que nuestros gobernantes tienen la habilidad organizativa de embaucar a la gente mediante los medios de masa.

Éste, por el contrario, no tiene por qué ser el caso. Hay numerosos sesgos cognitivos que predisponen a la gente hacia la “ideología neoliberal”, a saber:

1. El sesgo del optimismo conduce a la gente a sobreestimar sus ganancias futuras, lo cual les conduce a un prejuicio en contra de querer (pdf) mayores impuestos sobre las rentas más altas.

2. El sesgo por interés personal conduce a la gente a exagerar el grado en el que son responsables de su propio éxito y por tanto les conduce al prejuicio de creer que se “merecen” sus ganancias y por tanto se resisten a pagar impuestos.

3. Estos dos sesgos además reducen la demanda de seguros de desempleo al creer la gente (hasta que llega el despido) que si trabajan vigorosamente conservarán sus empleos.

4. La falacia del mundo justo provoca en la gente la racionalización de la injusticia, por ejemplo culpando a la víctima

5. El sesgo del status quo nos hace preferir el mal conocido y por tanto provoca un prejuicio en contra del cambio radical (¡si es que estuviese en oferta!)

6. El error fundamental de atribución conduce a la gente a sobreestimar la importancia de la agencia relativamente a los factores ambientales y por tanto creer que las inmensas pagas de ejecutivos están justificadas.

7. El mismo error también puede hacer a la gente reconocer que –mediante una mezcla de priming, amenaza del estereotipo y el efecto Pigmalión –resultados desiguales generan comportamientos desiguales. De modo que atribuimos la desigualdad de ingresos a diferencias en inteligencia o industria cuando en verdad esas diferencias son el resultado de la desigualdad de ingresos y de podare, no la causa.

Al decir esto, estamos lejos de negar un papel al embuste o de sostener que la “ideologia neoliberal” es caca de vaca. Por el contrario lo hacemos meramente para sugerir que la ideología que beneficia a la elite está apoyada, en parte, en sesgos cognitivos.

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