El desencanto darwinista del mundo

De la lectura del primer capítulo de Darwin Loves You: Natural Selection and the Re-enchantment of the World, de George Levine (vía), aquí van algunas observaciones –como primera entrada de prueba:

1. La idea del hiper-racionalismo de la Ilustración, con la que conecta su crítica de Weber y de la interpretación desencantada del darwinismo, es un cliché; no todos los ilustrados tienen una confianza ilimitada en la razón. Un notable ejemplo es David Hume.

2. El uso de la trilladísima distinción ought-is sin mencionar el contexto en el que Hume la introduce es desgraciadamente bastante común: Lo que dice Hume es que no se pueden derivar una de otra directamente, que no se puede derivar del empleo exclusivo de la razón, la cual tendría un supuesto acceso a un universo moral fijo y eterno, es decir, el realismo moral de Clark que Hume rechaza. No que ought esé fuera del alcance de la razón, al contrario, su naturalismo significa que el comportamiento moral es perfectamente explicable con ayuda de la razón y la observación. Ahora bien, la explicación no puede ser al mismo tiempo prescripción, pues –dice Hume– no es el papel del filósofo moral recomendar la virtud sino más bien explicarla. Pero Hume no es por ello ni relativista ni irracionalista: las reglas morales son creaciones humanas, pero no son creaciones humanas arbitrarias sino necesarias, son una función de la interacción de la naturaleza humana (universal y fija) y las condiciones materiales (geográfica e históricamente cambiantes). La moralidad, en definitiva, no la descubrimos, sino que la construimos, es un proyecto colectivo y social. Is y ought pueden conectarse, no obstante, de modo oblicuo: sólo conociendo mejor nuestra naturaleza y cómo funcionamos (el is) tenemos alguna esperanza de ser dueños de nuestro destino (el ought). Es en este sentido en el que la razón es relevante para la ética y por lo que se puede decir que es racional ser moral. Pero en último término, la razón es insuficiente e impotente si no estamos motivados: la razón por sí misma no puede motivarnos sin las pasiones. Si somos indiferentes a algo (no nos importa) no hay nada que la razón pueda hacer. Ese es el sentido de su famosa frase: “No es contrario a la razón preferir la destrucción del mundo a sufrir un rasguño en mi dedo”. De igual modo, no es el papel del naturalista, no es el papel de Darwin en este caso, recomendar lo que describe, es decir, convertir la lucha por la existencia (nature red in tooth and claw) en una máxima moral. Pero sí lo es, en tanto hombre, recomendar el estudio de nuestros orígenes, nuestra naturaleza, y del interés por la explicación naturalista del mundo, en la medida en que la verdad importa y debe informar nuestras decisiones morales.

3. Supuestamente, “rational reenchanment” es un oximoron pero no lo es “triumphant rationality”. Uno podría decir que es al justo al revés. En la medida en que el racionalismo se hace hiper-racionalismo (positivismo), se hace por tanto triunfalista, optimista y arrogante, deja de ser racional, es decir, humildemente consciente de sus limitaciones, y se convierte en el peor de los irracionalismos, con lo peor del tribalismo y de la religión. Ahora bien, “racionalismo triunfalista” sí que es un verdadero oximoron, en contraste con “racionalismo encantado” o pasional, que no tiene por qué serlo, pues se trata de un racionalismo sensato, moderado y humano que admite a las pasiones, ya que la razón misma no se puede defender únicamente con argumentos racionales. En último término, elegimos ser racionales. No es un oximoron por tanto decir que tenemos pasión por la razón.

En fin, un texto interesante pero quizás desencaminado al pretender buscar consuelo moral en el darwinismo. El darwinismo, es decir, la creencia en la teoría de Darwin en contraste con su comprensión y aceptación (tan distintos como usar un ordenador y entenderlo), no puede ofrecer tal consuelo y por tanto, el re-encantamiento que pretende. Desde mi lectura quizás algo romantizada de Hume, me parece que tal re-encantamiento sólo puede obtenerse fuera de la ciencia, en el aspecto simbólico y emocional de la cultura, lo cual no quiere decir que no deba haber una conexión íntima de apoyo mutuo y enriquecimiento entre las dos esferas.


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